John Gottam es sin duda una de las grandes autoridades en el tema de las relaciones de pareja. Profesor emérito de la Universidad de Washington y cofundador del Gottam Institute, ha dedicado más de 40 años a investigar científicamente qué hace que un matrimonio funcione o fracase, llegando a notar observaciones que predicen con alta probabilidad si un matrimonio permanecerá junto o no.
Uno de sus libros más virales es «The Seven Principles For Making Marriage Work» (1999). El libro está lleno de indicaciones que explican cómo funcionan los buenos matrimonios. Aquí van algunas de las que más me llamaron la atención:
"Una de las tareas básicas de un matrimonio es establecer un sentido de “nosotros” entre marido y mujer".
La frase apunta a que una de las bases más sólidas de un matrimonio es construir un verdadero sentido de “nosotros”, es decir, que ambos cónyuges sientan que forman un mismo equipo. Esto se vuelve especialmente importante en situaciones en las que surgen tensiones externas, como la relación con la familia política. Si uno de los dos percibe que su pareja no le respalda o no se coloca a su lado en esos momentos, puede aparecer la sensación de soledad y desprotección dentro del propio matrimonio.
Pocas cosas son más poderosas en la unidad de un matrimonio que sentir que tu pareja te pone primero.
"Te guste o no, ceder es la única manera de resolver los problemas matrimoniales".
Incluso aunque pienses que tienes la razón.
Aprender a ceder es una habilidad básica en la vida de pareja. En la vida en pareja no se trata de ganar discusiones, sino de preservar la relación y buscar soluciones que funcionen para ambos. Aferrarse a “tener razón” puede generar distanciamiento y resentimiento, mientras que estar dispuesto a ceder en ciertos aspectos abre la puerta a la empatía, al entendimiento y a la construcción de un terreno común. En última instancia, lo que fortalece el vínculo no es quién gana el debate, sino la capacidad de ambos de priorizar el bienestar de la relación sobre el orgullo personal.
"Con demasiada frecuencia, un matrimonio se atasca en el “ojalá”. “Ojalá” tu pareja fuera más alta, más rica, más inteligente, más ordenada o más atractiva, y así todos tus problemas desaparecerían. A diferencia de la valoración, que alimenta la gratitud por lo que tienes, el “ojalá” alimenta el resentimiento por lo que no tienes".
La trampa del “ojalá” consiste en centrar la mirada en lo que creemos que falta en nuestra pareja, generando frustración y distancia. En cambio, cultivar la gratitud implica hacer el ejercicio consciente de repasar mentalmente lo que nuestro cónyuge sí es y lo que aporta a la relación. Reconocer sus cualidades, incluso en los detalles más cotidianos, nos ayuda a valorar la realidad en lugar de quedarnos atrapados en la fantasía de lo que podría ser. Este cambio de enfoque fortalece el vínculo, porque convierte la queja en aprecio y alimenta la sensación de estar con alguien que, con sus virtudes y limitaciones, es digno de ser amado.
Esta frase se completa con esta otra que habla de un estudio que hizo el autor: «Las parejas que se describían a si mismas como infelices solo notaban la mitad de las interacciones positivas que ocurrían entre ellos».
"Las parejas felices viven según el credo: “cuando sufres, el mundo se detiene y yo escucho”".
Esta frase refleja una de las claves más importantes de las relaciones duraderas: la presencia y la atención en los momentos difíciles. En una pareja feliz, cuando uno de los miembros atraviesa un dolor, el otro se detiene, escucha y se muestra disponible, sin distracciones ni juicios. Ese acto de escucha activa transmite apoyo, comprensión y cercanía, reforzando la confianza y el vínculo emocional. No se trata de ofrecer soluciones inmediatas, sino de hacer sentir al otro que no está solo y que su sufrimiento importa.
"La clave para revitalizar el afecto y la admiración es adquirir el hábito de fijarse en las cualidades y acciones que se pueden apreciar. Y, a continuación, hacerle saber a tu pareja lo que has observado y por lo que te sientes agradecido”".
La mayoría de los matrimonios infelices sufren de un sesgo de atención negativa. Solo notan las cosas que van mal. Solo hablan de los problemas que tienen. Es muy común ver a parejas que con buenas intenciones solo mencionan lo que hay que cambiar. Pero las parejas felizmente casadas notan y hablan de lo que va bien, de lo que se ha hecho bien ese día o esa semana. Hacerlo de manera habitual convierte la gratitud en un hábito, crea un clima de apoyo y refuerza la conexión emocional. Con el tiempo, este enfoque genera un círculo virtuoso: cuanto más se aprecia y se expresa lo bueno, más motivación hay para actuar de manera positiva, y más sólido se vuelve el vínculo de pareja.
"En un matrimonio feliz, si el marido promete recoger la ropa de la tintorería de su esposa pero lo olvida, ella probablemente pensará: “Bueno, ha estado bajo mucho estrés últimamente y necesita dormir más”.”".
Interpretación.
Todos interpretamos el significado de las situaciones que presenciamos. La manera en la que alguien se sienta delante de nosotros puede interpretarse como una falta de respeto, por ejemplo. Y en cada situación, siempre hay varias interpretaciones posibles que van desde las más pesimistas hasta las más optimistas.
En los matrimonios buenos, siempre se hace un esfuerzo por buscar la mejor interpretación posible, la más caritativa, la que asume lo mejor de la otra persona.